Intoxicados

Estoy Perturbado

¿Eres un borrego sin identidad o un solitario digno de admiración?


Una problemática con tintes filosóficos con la que ha lidiado la humanidad desde hace ya mucho es la soledad, con todos los benéficos y sufrimientos que la acompañan; en este escrito se dará un acercamiento a las ventajas que resultan de estar acompañado de nadie.

La soledad es una de las pocas bendiciones que cualquiera puede regocijarse pero que realmente pocos saben disfrutar ya que el grueso de la población percibe la falta de compañía con una especie de castigo por haber cometido algún error y por ende rechazan completamente la idea.

La gente le teme a la soledad como se le teme a cualquier castigo, eso es un hecho innegable, el por que las personas le temen a la soledad es un tema un poco mas complicado, ya que cada quien trata de justificarse  y da sus razones pretendiendo que sean validas para el resto que le rodean, aunque, la verdad sea dicha, en la mayoría de los casos las razones son las mismas.

Ya desde hace más de un siglo Nietzsche tocaba este tema (Léase: Así hablo Zaratustra) afirmando que “el placer de ser rebaño es mas antiguo que el placer de ser un YO”  haciendo una clara referencia a que es una postura mucho mas cómoda el estar rodeado de personas, que valerse uno por si mismo; o lo que es lo mismo: para el débil el “rebaño” es necesario ya que si se encuentra solo es incapaz de sobrevivir.

Citando una vez mas a Nietzsche: “El uno va al prójimo por que se busca a si mismo y el otro por que quisiera perderse”; cuestión que puede traducirse como la incapacidad del débil de ser independiente y autentico.

La gente no sabe lidiar con la soledad, por el simple hecho de que al soledad es un estado donde nos enfrentamos a la persona a la que más nos da miedo y con la que estamos más insatisfechos: uno mismo; este estado de insatisfacción nace de una identidad malograda, fraccionada e incoherente.

Se busca la aprobación y la cobertura ajena por que se padece de una  aprobación propia; es decir, el concepto de identidad que una persona tiene se construye a través de la mirada del Otro (Léase: Seminarios de Jaques Lacan) pero después de la construcción de este concepto se debe empezar a re-construir la identidad a través de la mirada de uno mismo, no buscando la confirmación ajena, sino la de uno mismo.
 
Es mucho mas difícil y temible ser uno mismo que ser una copia de alguien mas (“es mas fácil que los demás me resuelvan los problemas, así me evito el desgaste de pensar”); imitar es fácil y cualquiera puede hacerlo, crear es complicado y solo pocos logran hacerlo ya que es necesario correr riesgos y enfrentarse a lo desconocido y como es bien sabido, el origen de todos los miedos de la humanidad viene de lo desconocido y por ende, de lo nuevo.

Solo aquel que se re-inventa y crea una identidad (ser diferente al resto) puede superar las pruebas y desafíos que le depara la vida y con esto lograr estar satisfecho consigo mismo; quien imita o intenta ser (o parecer) como alguien mas limita sus opciones y sabotea su propio desarrollo.

No es malo tomar el ejemplo de alguien como base para el desarrollo de la identidad propia, es mas, es algo natural; el problema radica en hacer de ese ejemplo un molde para intentar ser una copia exacta o un clon, ya que esto crea una barrera en el desarrollo, provocando un estancamiento y por lo tanto un estado de inmadurez.

La identidad de la persona tiene que trascender e ir más allá que los ejemplos tomados como base; dichos ejemplos y demás influencias deben mezclarse en un compuesto homogéneo diferente (sin embargo, similar) a sus componentes originales, de otro modo la identidad quedara fraccionada e incompleta y por lo tanto es inútil para enfrentar los desafíos posteriores, creando ese desagrado de enfrentarse a uno mismo mientras se esta solo.

Para lograr alcanzar esta identidad y la autonomía que surge de ella, se debe aprender a practicar y disfrutar de la soledad como un placer que emerge de uno mismo, más que como un castigo impuesto por los demás; solo a través de la carencia uno se vuelve merecedor de las ganancias, y más importante, uno desarrolla la capacidad de aventajar a los otros y superarlos.  

De rechazar los beneficios de la soledad y abrazar los paliativos de la compañía se obtiene una identidad “marca patito” y consecuente con esto, una dependencia hacia el prójimo a tal grado de ser totalmente incapaz de (sobre) vivir sin una muleta con forma de ser humano que lo sostenga, llámesele: familiares, amistades, pareja, astróloga o incluso el taquero de la esquina, convirtiéndose simbólicamente en un borrego listo para ser devorado por aquellos que lo superaron.  

Se puede confiar en los demás, incluso pedir su ayuda o favor, si la situaron así lo requiere, pero de ninguna manera se debe depender de las capacidades, habilidades y planes de alguien más para superar los problemas de cada quien.

La soledad no es mala, pero tampoco es agradable.

Si eliges ser borrego y pertenecer a un rebaño tus opiniones no me importan, si eliges ser el individuo devorador hasta tus críticas son bien recibidas.